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Esta es una página creada por la comunidad de los Once Barrios del Pueblo de Culhuacán, aquí podrás encontrar información histórica, fotografías y videos acerca de las tradiciones de nuestro pueblo.

Siendo un proyecto cultural comunitario, agradecemos a las personas que han donado trabajos para la realización de este espacio.

De igual forma invitamos a los habitantes de Culhuacán a participar en este proyecto con el fin de difundir la cultura de nuestra comunidad, que es una de las regiones más antiguas del Valle de México.

Grupo Cultural Culhuacán
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GALERIA FOTOGRÁFICA SANTÍSIMA TRINIDAD 2011


sábado, 13 de septiembre de 2008

EL BARRIO DE TULA, EN CULHUACÁN



Juan Salas Valderrama
Barrio de San José Tula Culhuacán



Entre los años de 1910 a 1930 el barrio de Tula era uno de los menos poblados de Culhuacán. En ese entonces había únicamente nueve familias. Cuentan los señores que tienen más de setenta años de edad, que tal vez se llamó Tula porque había un lugar dentro del barrio donde crecía mucho tule ancho, aunque no están seguros de que por eso le dieran ese nombre.

Sus límites eran: al norte la calzada Taxqueña, al sur el barrio de San Simón, al este la calzada tulyehualco y al oeste el Canal Nacional. Sus habitantes eran, en su mayoría, dueños de ganado: vacas, borregos, cerdos, caballos, gallinas, etc. Los primeros habitantes fueron Gilberto Flores, Francisco Flores, Mariano Reséndiz, José Rodríguez, Bonifacio Pastén, José Ortega y las señoras Catalina Pérez, Apolonia Zacarías y Teodora Pérez.

Francisco y Gilberto Flores eran hermanos y cada uno tenía mucho terreno, podría decirse que eran dueños de medio barrio entre los dos. También tenían cada uno muchas vacas y borregos que alimentaban con el producto de los terrenos de cada quien, en dónde sembraban maíz, alfalfa y también algunos árboles frutales, además había personas que trabajaban para ellos en el cuidado del ganado. El señor Francisco vendió sus terrenos y sus hijos acabaron por vender la casa, y cuentan que el señor que la compró encontró ollas con centenarios dónde tenían su casa y volvió a venderla, después no se supo más de él.

Mariano Reséndiz tenía un horno para cocer tabique de barro que él mismo hacía con ayuda de sus hijos, y de ahí sacaban para mantenerse, ya que vendían bastante tabique y teja.

José Rodríguez tenía sus vacas y borregos, aunque en menor cantidad que los señores Francisco y Gilberto; él mismo las atendía y alimentaba con el producto de sus parcelas que estaban en ¨El santísimo¨.

Bonifacio Pastén según dicen fue un gran cantero, su trabajo era bien pagado y de ahí mantenía a su familia. Tenía terrenos que repartió después a cada uno de sus hijos.

José Ortega tenía bastante terreno, vacas y caballos. Aparte de atender a sus vacas le ponía mucho interés a los caballos, se dedicaba a la charrería siendo él y sus hijos muy buenos jinetes. Los terrenos los fue vendiendo poco a poco hasta terminar con todo.

Catalina Pérez viuda, tenía vacas que cuidaban sus hijos, una casa con terreno pequeño, era de menor poder adquisitivo que los anteriores, sus terrenos los repartió a sus hijos.

Apolonia Zacarías viuda, fue una de las personas más humildes, salía al campo a juntar flor de nabo que venía cargando en su espalda, ya en su casa junto con sus hijos hacían pequeños manojos que ataban con ¨chamolin¨ para luego ir a venderlos a Jamaica o a La Merced. Ella le dejó a su hijo la casa y el terreno.

Teodora Pérez viuda, vivía con su hijo, ambos trabajaban para sobrevivir, ella lavando ajeno y el hijo en una empresa del gobierno. Le dejó la casa y el terreno al hijo.

Estas personas tuvieron hijos que al pasar del tiempo fueron creciendo y pasaron a tomar posesión de lo que sus padres tenían. Las familias más numerosas fueron los Pastén, los Flores, los Rodríguez y los Ortega, aunque esta familia estaba más apartada de los demás vecinos. Estos apellidos como otros de las familias tradicionales ¨netas¨ o ¨nativas¨ de Culhuacán aparecen registradas en los libros del Archivo parroquial.

Ya grandes los hijos eran muy entusiastas para las fiestas. Como antes no había una imagen de un santo patrono que se venerara en el barrio, celebraban el 3 de Mayo, día de la Santa Cruz, con una gran fiesta con atole y tamales sin faltar las mejores orquestas de ese tiempo, que eran las de Leocadio Ibáñez de Culhuacán y la de Santiago Olivares de Iztapalapa, que cobraban dos pesos la hora. Además se repartían galletas para todos y se tronaban cohetes.

En sus modos de vivir eran muy respetuosos pues tanto a los papás como a los tíos se les tenía que besar la mano, costumbre que algunas personas todavía siguen.

Cabe aclaran que aunque no había imagen patrona del barrio si se veneraba con devoción (y se sigue haciendo), a la imagen del Señor del Calvario de Culhuacán. Así transcurrió el tiempo, la población fue aumentando, y en el año de 1962, todos los vecinos del barrio con su aportación económica compraron la imagen de San José. Se pusieron de acuerdo con el párroco de la iglesia de Culhuacán que en ese tiempo era el señor Luciano, quien propuso que se festejara el día primero de mayo (día del trabajo) pues decía que San José fue carpintero y por lo tanto obrero.

En el año de 1963 se hizo una gran fiesta porque ya había mayordomos de San José, pero no por eso se olvidó el festejo de la Santa Cruz el 3 de mayo, aunque ya fue muy sencillo pues quedaron muy juntas ambas fechas, y así se viene haciendo desde entonces.

Como ya habían sido expropiados los ejidos, no había maíz ni alfalfa, por lo que los señores fueron vendiendo sus vacas y demás animales; ahora lo único que crían son conejos, algunos pollos y uno que otro cerdo, eso porque se comen el desperdicio de la comida. De los terrenos que tenían algunas personas, los repartieron a sus hijos y otras los vendieron en partes, así que la mayoría de los que viven en Tula no es gente nativa sino que han venido de varias partes.
A finales de la década de los ochentas, vivían más de cien matrimonios con sus respectivos hijos. Ya muchas familias tienen buenas casas, coche, un buen empleo y los hijos ya no estudian nada más la primaria sino que también la secundaria, preparatoria y algunos van a la universidad, es decir, que ya están mejor preparados y del rústico Barrio de Tula queda poco o nada.

Las pequeñas veredas ya no existen, ahora pasa el Eje 3 Oriente, con el ruido de tanto vehículo que circula durante el día y parte de la noche. En el mismo eje existen dos gasolineras; en Taxqueña y calle Juárez; la Volkswagen y sobre la misma Juárez está un enorme taller y bodega de trailers, también esta la secundaria 206; en Taxqueña y Tláhuac, donde antes había maíz y alfalfa ahora hay casa comerciales y un sanatorio; en fin, ya no hay terreno que este desocupado.

De lo que nos hemos olvidado tanto nosotros como el gobierno es el tener en cada barrio áreas verdes, campos deportivos y juegos infantiles como columpios y resbaladillas, sube y baja entre otros, porque no existe en Tula, ni en ningún otro barrio. Es lo que puedo decir de este barrio, el más pequeño de todos: Tula.